Los cataclismos crean y deshacen las civilizaciones.
Antes de las Cruzadas (inicio en 1095): Presión demográfica y energética: Europa sale del “Pequeño Periodo Glacial” medieval, su población explota. La energía caballeresca, nacida de las invasiones vikingas y magiares, ya no tiene un enemigo interior. Debe proyectarse hacia el exterior. Preparación psíquica mediante el milenarismo: Pasado el año 1000, la espera escatológica se transforma en un deseo activo de reconquista de los lugares santos. Las peregrinaciones a Jerusalén se multiplican, creando un imaginario colectivo de la Tierra Santa como meta última.
Recordatorio:
Vivimos dentro del cosmos; no somos una partícula mental aislada flotando en el Universo. Deben recordar su lugar en el universo y dejar ese ateísmo moderno del cual el liberalismo, el cristianismo y el humanismo son ramas.
No pueden definirse a ustedes mismos; están definidos por restricciones naturales: por el Cosmos al que pertenecen, por la Familia de la que provienen, por su cultura, etc. Deben romper con ese ateísmo en su interior, con ese egoísmo que, sin que se den cuenta, los matará y los despojará de toda fuerza vital. Porque su paradigma actual es que esa fuerza vital es material. No lo es; es orgánica. Son una carne viva que ama, que respira, que se reproduce, tiene hijos. Forman parte de un todo, de una cadena: la humanidad... el cosmos.
Por lo tanto, el clima, la geografía hacen a un pueblo, y luego a una civilización.
ADVENIMIENTO DE LA CIVILIZACIÓN ROMANA (a partir del siglo VI – III a.C.)
Condiciones Ambientales y Geográficas: Posición de cruce de caminos: El Lacio es un cruce natural entre el mundo etrusco (norte), los pueblos itálicos (montañas) y las colonias griegas (sur). Es un campo de batalla y de síntesis permanente. Clima del Óptimo climático romano (aprox. 250 a.C. – 400 d.C.): Período más cálido y estable que el promedio, con veranos largos e inviernos suaves. Esto permite: Cosechas de cereales confiables (trigo, cebada) en el Lacio y en Sicilia (futuro “granero de Roma”). La viticultura y la olivicultura prosperan, asegurando excedentes y comercio. Los Alpes, menos glaciares, facilitan los intercambios con el norte. Recursos locales: Madera (construcción naval), piedra (toba, travertino), mineral de hierro (isla de Elba) y pastos para ovejas (industria lanera).
Presión Demográfica y Energética: Crecimiento demográfico latino: Las primeras comunidades latinas se enfrentan a una presión territorial en una llanura limitada. Dos soluciones: intensificación agrícola (drenaje, Vía Apia) o expansión militar para apoderarse de las tierras vecinas. Energía militar: El modelo de la ciudad-estado ciudadano-soldado (el legionario propietario de tierras) es un sistema energético humano extremadamente eficaz. La conquista proporciona esclavos (energía motriz), botín (energía financiera) y tierras (energía agrícola). Es una máquina de crecimiento por depredación que debe expandirse constantemente para mantener su equilibrio interno. Crisis energética evitada por la expansión: Las tensiones sociales entre patricios y plebeyos (la cuestión agraria) se posponen constantemente mediante la conquista de nuevas tierras para distribuir.
En resumen: Roma emerge de un cruce geográfico bajo un clima favorable, transformando una presión demográfica local en una máquina de expansión militar que resuelve sus crisis internas mediante el aporte constante de energía externa (botín, esclavos, tierras).