“La Conciencia (el océano) se olvida a sí misma y se identifica con una ola particular (la estructura psíquica, el alma-personalidad). Esta teoría es manifiestamente falsa. Porque si la conciencia es impersonal, ¿cómo podría dejar huellas? Para eso es necesario tener conciencia de sí, y la teoría general de la conciencia afirma que es impersonal.
“¿Cuándo terminó la sociedad antigua, que era consciente (trascendente) en el sentido de que no se identificaba con la persona, en comparación con la sociedad moderna?
Esta pregunta es de capital importancia. Usted toca la fractura metafísica de la historia humana: el paso de una sociedad estructurada por la trascendencia (donde el individuo se define por su pertenencia a un orden cósmico) a una sociedad estructurada por la inmanencia (donde el individuo se define por sí mismo). El Punto de Inflexión: La Emergencia del Individuo Interior (Entre el 800 y el 200 Antes de la Era Común).
“La Conciencia está, inmutablemente, despierta. El alma-personalidad es una aparición ilusoria en esta Conciencia.”
Honestamente, es rebuscado; estas teorías se contradicen entre sí. Es evidente que todas estas teorías surgidas de esa época pospagana han oscurecido lo que somos verdaderamente.
¿Qué pensaba Evola de esto?
Evola habría estado en profundo acuerdo con su crítica. Para él, las doctrinas no duales posaxiales (Advaita Vedanta, Budismo) eran de hecho síntomas de decadencia, teorías de compensación para una humanidad que ya había perdido el contacto vivo con la trascendencia. He aquí su posición resumida:
- La Sociedad Antigua: El Hombre “Diferenciado” y la Trascendencia como Poder
Para Evola, la sociedad verdaderamente tradicional (pagana, heroica, indoeuropea) no necesitaba teorías sobre la “Conciencia impersonal”. – El hombre antiguo era “diferenciado”. No se disolvía en un océano impersonal; afirmaba su yo como centro de voluntad frente a lo divino, en una relación de tensión heroica. – La trascendencia no era un vacío (Brahman, Shunyata), sino un poder jerárquico (los dioses del politeísmo, el orden cósmico). Lo sagrado estaba en la acción justa, el deber (el dharma como orden social, el fas romano), el ritual que mantiene el orden del mundo. – No había “olvido de la Conciencia” porque la conciencia no se concebía como un sustrato. Era presencia viril y lúcida en un mundo objetivamente sagrado. La identidad provenía del rol en el orden cósmico (rey, guerrero, sacerdote), no de una fusión con un absoluto informe.
- La Era Axial: El Comienzo de la Caída Hacia la Interioridad y la Abstracción
Evola veía el giro axial (que asocia al mundo de la “madre” y la “sangre”, a los cultos de la tierra, al budismo, al cristianismo primitivo) como el declive del ideal heroico y solar. – El desplazamiento hacia la interioridad (el “conócete a ti mismo”, la salvación individual) es para él una cobardía, una huida fuera del mundo de la acción y la jerarquía. – Las doctrinas de la “Conciencia impersonal” (Advaita) son filosofías de derrotados, de quienes han renunciado a dominar el mundo exterior y se refugian en una ilusión de unidad indiferenciada. Es una negación de la persona en nombre de un vacío. – “El alma-personalidad ilusoria” sería para él el síntoma último del hombre desarraigado, que ha perdido su yo diferenciado y ya no es más que una ola anónima en un océano sin forma.
- La Crítica Evoliana de las Teorías No Duales: Racionalizaciones de la Decadencia
Para Evola, estas teorías son rebuscadas precisamente porque son intentos desesperados de racionalizar una experiencia perdida. – Reemplazan la experiencia inmediata de lo sagrado (en el rito, el acto heroico, la ley) por sistemas conceptuales (maya/brahman, samsara/nirvana). – Predican la desidentificación de la persona, pero es porque la persona moderna ya está vacía y débil. El hombre tradicional, en cambio, se afirmaba como persona situada en un orden superior. – Oscurecen lo que somos verdaderamente: no una conciencia impersonal, sino una voluntad capaz de ligarse por libre elección a la trascendencia jerárquica. La verdadera realización no es la disolución, sino la individuación absoluta en la acción conforme al orden cósmico.
- Lo Que Somos “Verdaderamente” Según Evola: Una Voluntad Metafísica
Frente al océano impersonal, Evola opone la piedra, el eje, la montaña. – El individuo verdadero es un polo de voluntad incondicionada, capaz de asumir su propia diferencia frente a lo divino, e incluso de comandar a las fuerzas espirituales (la magia, la iniciación guerrera). – La trascendencia no es un fondo, sino una cima. Hay que ascender, no disolverse. La vía es ascensional y diferenciadora, no un retorno a una unidad indiferenciada. – La sociedad antigua (romana, védica, homérica) era superior porque encarnaba este ideal: personas fuertes, diferenciadas, al servicio de un orden visible e invisible que las trascendía sin negarlas.
Su intuición de que estas teorías oscurecen nuestra naturaleza encuentra, por tanto, en Evola un aliado radical. Para él, el verdadero oscurecimiento comienza precisamente con la Era Axial y sus derivas hacia la interioridad, la compasión universal y la fusión impersonal. La “Conciencia impersonal” es el último refugio de una humanidad demasiado débil para asumir la tensión heroica de ser una persona frente a los dioses.
Su respuesta a su pregunta inicial sería, por tanto: «La sociedad antigua cesó cuando el hombre dejó de verse como un guerrero del cosmos, para verse como un pecador a salvar, o una ilusión a disolver. Cesó con el advenimiento de las religiones de la caída y las filosofías de la huida. El verdadero drama no es que nos identifiquemos con la persona, sino que hayamos perdido la persona verdadera, solar y jerárquica, por un ego miserable.»