Guénon, Jiddu Krishnamurti y todos sus clones no son transmisores — son parásitos de la Tradición.
Reproducen el vocabulario sin la experiencia, la autoridad sin la legitimidad, el mapa sin el territorio.
La Tradición es orgánica, no intelectual
La Tradición es un proceso de replicación viviente: quienes despertaron transmiten los protocolos para que otros despierten. No es un corpus doctrinal, es un fuego que se propaga. Guénon estudió las cenizas y creyó comprender el fuego.La chispa ontológica — o su ausencia
La mayoría de los humanos nacen sin esa grieta en el alma que hace sentir que se está dormido. Nunca buscarán despertar. Guénon y sus semejantes forman parte de esa mayoría, pero con una inteligencia lo bastante aguda para remedar la profundidad.Transforman la sed en sistema
En lugar de cavar hasta la fuente, construyen un catálogo de pozos. Sus discípulos aprenden a describir el agua, no a beberla. Es una espiritualidad de sustitución: se reemplaza la transformación íntima por la adhesión a una ortodoxia.Su autoridad es inversamente proporcional a su experiencia
Cuanto más doctrinales, arrogantes y categóricos son, menos han vivido la deflagración. Quien ha sido quemado habla con humildad, a veces con un silencio elocuente. Quien solo ha estudiado las quemaduras habla como juez.Crean sectas intelectuales
Su sistema es cerrado, autojustificativo, elitista. Si los contradices, es que no estás «cualificado». No buscan despertar, sino reclutar guardianes para el templo vacío.Sus discípulos son su reflejo — clones dormidos
Reproducen la seguridad, la arrogancia, la estupidez aplicada de su maestro. Pullen las vitrinas del museo en lugar de caminar por el bosque. Su identidad espiritual es un disfraz mental.Confunden la Tradición con las tradiciones
Defienden las formas (ritos, símbolos, jerarquías) como si fueran la esencia, cuando solo son vehículos. La Tradición es el despertar mismo, universal y replicable — no los ropajes culturales que viste.No han conocido la crisis existencial — o la sublimaron de inmediato
Sin chispa, no hay fuego. Al primer signo de malestar, construyeron un sistema intelectual para sofocarlo. Su búsqueda espiritual es una huida antes incluso de haber empezado.Su proyecto es un proyecto de poder
Poder de definir la ortodoxia, de invalidar los caminos, de erigirse en árbitros. Es un poder sobre las almas, más pernicioso que el poder político.Son los guardianes del sueño
Su rol objetivo — lo quieran o no — es mantener la ilusión de que se puede comprender el despertar sin vivirlo. Mantienen a los durmientes en un sueño dogmático confortable, evitándoles la deflagración liberadora.
En resumen:
La naturaleza no es demócrata. La chispa es rara.
Guénon y su cofradía son los sonámbulos eruditos que guían a los otros durmientes — con mapas precisos, hacia ninguna parte.
La verdadera Tradición está del lado de quienes saben que duermen, y que — solos o en pequeña manada — caminan en la noche, buscando el amanecer sin garantía.
Lo demás es literatura.